Cada 16 de julio, mientras se celebra el día de la Virgen del Carmen, en varios municipios del bajo y medio Sinú resurge una creencia que ha pasado de generación en generación: la llegada del llamado “Vendaval de la Virgen”. Habitantes de zonas como Cereté, San Pelayo, Cotorra y Lorica aseguran que en esta fecha suelen presentarse fuertes vientos que, según la tradición oral, han causado daños materiales, sustos e incluso tragedias a lo largo de los años.
De acuerdo con relatos de los mayores, estos vendavales han derribado casas de palma, arrancado árboles y dejado noches enteras de angustia en comunidades cercanas a ciénagas. Carmen Pérez, residente del caserío El Zapal en Cereté, cuenta que desde niña escuchó a sus abuelos advertir sobre estos vientos del 16 de julio, los cuales consideran más que un fenómeno natural: una manifestación que forma parte de la identidad cultural de la región.
Aunque no existen estudios que confirmen una relación entre la festividad religiosa y estos eventos climáticos, la tradición sigue viva. Algunos habitantes aún recurren a rituales como colocar escobas al revés, hacer cruces con plantas o usar cenizas bendecidas para “espantar” el vendaval. Más allá de la ciencia, estas historias continúan preservando las creencias populares y la memoria colectiva de los pueblos del Sinú.















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